martes, 2 de octubre de 2012

ALPES 2012 | 5. Nid d'Aigle

Aunque el título debería ser: "Intento frustrado de ascenso al refugio Nido de Águila".

Aprox. 20 km. / 7 h.

Era nuestro último trekking en Chamonix y teníamos que hacer algo acorde a los días anteriores: Agujas Rojas, Glaciar de Argentière y Aiguille du Midi. Tras barajar algunas opciones nos decantamos por acercarnos todo lo que nos fuera posible al Mont Blanc por su principal vía de acceso, desde el pueblo de Les Houches en dirección al Refugio Nido de Águila, a 2.370 m.


Para llegar a Les Houches, un pequeño pueblo a la entrada del valle desde el que iniciamos nuestra ruta, cogimos la linea 100 del autobús de Chamonix. Nos bajamos en la parada que hay frente a la oficina de turismo, por lo que aprovechamos para entrar y preguntar que tal estaba la ruta de subida, ahí nos llevamos un pequeño varapalo al conocer que la vía de acceso al refugio Nido de Águila estaba cortada, para llegar allí tendríamos que rodear por el camino des Rognes. Lejos de desanimarnos nos pusimos en camino con la intención de llegar hasta allí igualmente.

Ésta es la principal ruta de acceso al Mont Blanc, desde que en 1786 Jacques Balmat y Michel Paccard hicieron cima con éxito,  miles de alpinistas han subido por aquí para alcanzar el techo de Europa, pero ahora ya casi nadie toma este camino ya que es mucho más asequible coger el teleférico que sube hasta Belleuve, y allí tomar el Tramway du Mont Blanc hasta el refugio Nido de Águila, ahorrándose los 1.300 m. de desnivel que si afrontaríamos nosotros.

El camino trascurre mayormente por un bonito sendero que sube zigzagueando entre arboles, aunque no es ningún paseo ya que a la gran cantidad de desnivel que sube se le unen un par de pasos complicados que, con varios derrumbes en el camino, nos hacen ver la peligrosidad del mismo. Nosotros apenas cargábamos con un chubasquero y unos bocadillos en nuestra espalda, pero me imagino hacer esta ruta con una mochila para ascender a cumbre, de varios kilos de peso, teniendo en cuenta que este es el primer tramo de una ascensión que, como mínimo necesitará otros dos días más de subida... ¡Uf! ¡Debe ser realmente duro!.


A medida que íbamos ganando altura, las vistas se hacían cada vez más impresionantes, no pudiendo quitar nuestra vista del teleférico que sube a Aiguille du Midi, ya que desde aquí se ve de forma espectacular como salva el desnivel para llegar hasta la punta.

Teleférico subiendo a Aiguille du Midi.

El camino sube hasta el Col du Mont Lachat (2.025 m.), una pradera desde la que se puede disfrutar del silencio de la montaña mientras se divisa el impresionante valle de Chamonix, franqueado por las Agujas Rojas de un lado y las Agujas de Chamonix del otro. Allí nos encontramos a gente absorta, relajada, con la vista perdida en el horizonte... nosotros también lo probamos y, pese a la "solana" que había en ese momento es una experiencia totalmente recomendable, creo que habrá pocos lugares en el mundo con la belleza de este valle...

Mont Lachat, de fondo el Valle de Chamonix.

Bajo esta pradera, y ya mirando hacía el otro lado se encuentra la estación de tren de Mont Lachat, en estos momentos última parada del Tramway du Mont Blanc y desde donde la mayoría de los alpinistas inicia su ascensión al Mont Blanc. Hasta ese momento, salvo en la ascensión al Lago Blanco, apenas nos habíamos cruzado con más gente, y los grupos que nos cruzamos eran de nuestro estilo: excursionistas haciendo trekking por los Alpes, pero ahora no, en el camino nos acompañaban solamente alpinistas, los domingueros no subían por aquí. Cada vez que adelantábamos a uno mis pensamientos intentaban sentir lo que ella o él pensaban en ese momento, a dos días de hacer cumbre en la montaña más alta de Europa, me imagino que en ese momento le iría dando vueltas al material que llevaba, a la climatología, a si paraba en Nid d'Aigle o subía hasta el Refugio Goûter, etc. En fin, ¡Para que pensar en ello si a día de hoy es algo inaccesible para mi!! En cambio, cada vez que nos cruzábamos a los alpinistas que bajaban, la sensación era diferente, muy pocos bajaban en condiciones, la mayoría bajaba con la cara desencaja, la mirada perdida, medio tambaleándose en su caminar, con claros gestos de haber vivido una inmensa fatiga. En esos momentos, mi mente reflexionaba en si realmente merece la pena someter al cuerpo a un esfuerzo así.. en mi caso, de poder hacerlo, creo que no tendría dudas, la experiencia de ver el mundo desde allí arriba, junto con la satisfacción que debe suponer el coronar, creo que bien suman más que un poco de sufrimiento.


Mientras yo iba en mi mundo, pensando en cumbres, en el Mont Blanc, en el Himalaya, etc. apenas le iba prestando atención a la ruta por la que íbamos, al principio muy pedregosa, subiendo en zig-zag por una ladera y luego a través de una cornisa sobre el valle... no me daba cuenta pero mientras yo dejaba volar mi imaginación, Andrés y Marcos debían ir sufriendo por el vértigo, ya que a la izquierda del sendero había cientos de metros de caída... en ese momento habríamos hecho la mitad del camino hasta la cabaña des Rognes, y lo que veíamos hacía adelante parecía cada vez más peligroso, con el añadido de que a cada paso que dábamos ganábamos más altura, por lo que el fondo del valle cada vez estaba más lejos; Ahí decidimos que no merecía la pena sufrir más, no se que se siente al sufrir vértigo, pero a los Alpes habíamos venido a disfrutar, sino podíamos llegar al refugio era lo mismo, ya aprovecharíamos la tarde en conocer otros lugares...


El descenso lo hicimos más tranquilos, volviendo a Les Houches a través de otra senda por la que aunque recorrimos más distancia, el desnivel no fue tan pronunciado. Mientras bajábamos nos fijamos en la cantidad de níscalos que había por la zona, como Marcos estaba convencido de que eran comestibles, juntamos una bolsa de ellos para cenar esa noche, aunque nuestro gozo duro solo hasta que llegamos al autobús y vimos que con el vaivén del caminar en la bolsa se habían estropeado la mayoría, por lo que el revuelto de setas tendría que quedar para mejor ocasión... :(


Aprovechando que llegamos pronto a Chamonix y que, caminando por el pueblo días antes habíamos visto una lavandería de esas que sale en las peliculas de Estados Unidos, en las que hay un montón de lavadoras y tú llevas allí tu ropa, hicimos la colada... de esta manera, llegaríamos con todo limpio a Zermatt. La lavandería en cuestión está frente a las taquillas del teleférico que sube a Aguille du Midi y aunque el resultado fue bastante decepcionante en cuanto a la limpieza, al menos si sirvió para quitarle el "olor a cabra" a la ropa.

Esa tarde la aprovechamos para organizar nuestras maletas, ya que al día siguiente saldríamos pronto para Zermatt y para aprovechar las "happy hour" que ofrecen la mayoría de los bares de Chamonix, había que despedirse en condiciones de un pueblo en el que habíamos vivido experiencias tan maravillosas.


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Gastos a tener en cuenta:
- Billete de bus hasta Les Houches: 1,50€
- Lavandería: 6,50€

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Relacionada:



Crónica de un viaje a los Alpes.

12 días: Chamonix, Zermatt e Interlaken.
Verano 2012.


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2 comentarios:

  1. Caramba! Domingueros, que relato mas bonito,sé me han empañado un poco los ojos recordando mis primeras andanzas por las montañas, cuando esas mismas sensaciones y esos mismos pensamiemtos me pasaban también por mi cabeza. Hoy muy cerca dé intentar la ascensión al mítico Mont Blanc y después dé haber realizado muchas y alcanzado muchos sueños, las sensaciones e inquietudes son otras, pero me has provocado hechar una mirada atrás para rememorar lo andado y apreciar lo que ahora vosotros estáis viviendo. Disfrutarlo porque muy pronto para vosotros será un lejano recuerdo. Gracias.

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    1. Gracias por tus palabras...ojalá algún día pueda yo dejar un mensaje como este en el blog de alguien que este empezando el mundillo de la montaña. Por ahora lo veo demasiado lejano como para contemplarlo! ;)

      Me alegro de que te hayan gustado mis palabras... suerte con tu ascensión al MB, la vida debe verse de otra manera desde ahí arriba...

      Saludos!

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